Historia

Historia de la Fundación de la Parroquia de Cartagena.

 

La parroquia en su ubicación histórica


Para ahondar en el pasado histórico de la Parroquia de Cartagena, debe tenerse en consideración que tal institución de la Iglesia está íntimamente ligada con el desarrollo del balneario de Cartagena. De algún modo, ha sido la parroquia el motor de la fundación del pueblo, argumento que se puede comprobar a simple vista en una visita a la Plaza de Armas de dicho pueblo, en la que encuentra en el costado oriente, el hermoso templo parroquial; y también por los sucesos que se describirán aquí.

Para comenzar a nombrar los orígenes del balneario de Cartagena hay que remontarse a la época de la Conquista de nuestro país, ya que, de aquel tiempo se tiene referencia segura de la vinculación de los territorios del balneario a la familia Cartagena, descendiente de Don Luis de Cartagena que llegó en la empresa conquistadora con Pedro de Valdivia. Doña Francisca Rodríguez Lepe, en 1662, afirma ser la viuda de Don Diego de Cartagena, nieto de Don Luis, testando la estancia La Mar, así es denominada la comuna en estos tiempos, a su hijo Don Juan de Cartagena. El testamento que más tarde escribiera Doña Magdalena Cáceres y Solís, esposa del antes mencionado, da reveladores datos de cómo era la herencia de los Cartagena.


Importante, para el conocimiento que queremos alcanzar de la presencia religiosa que existía en aquellos momentos, es que ya existía una capilla en aquellos territorios, a la que se le debía otorgar un plato de plata para su mantención. La herencia de Don Juan de Cartagena y su señora, después de un pleito familiar, fue dividida entre ocho de los once hijos. Hay que mencionar que la propiedad de esta familia en estos años abarca una superficie de 6.387 cuadras . Para llegar a la actualidad de nuestra comuna se debe tomar la línea sucesoria de la familia siguiendo la descendencia del hijo mayor, Don Jerónimo de Cartagena Cáceres y Solís, pues él heredó la parte de los terrenos en donde se ubicaban la casa y la capilla. En el año 1778 la estancia de los Cartagena se divide, quedando a disposición de Don José Alvarado Cartagena 450 cuadras, de las más de seis mil que fueron en sus comienzos, en la que se situaba la capilla, que ya funcionaba como vice-parroquia de Melipilla siendo denominada como Purísima de los Bajos de Cartagena, ubicada en el actual cementerio parroquial del balneario.


El Señor Alvarado al morir declara en su testamento la voluntad de heredar sus bienes a un hijo natural, Francisco Cáceres, cien cuadras, y a su nieta Nicolasa, hija del anterior, cincuenta cuadras, dejando las restantes trescientas a la Iglesia para la fiesta de Purísima, cuya fiesta ya comienza a tomar fuerza entre los feligreses. La mencionada capilla poseía la imagen de la Virgen que hoy se venera en el poblado de Lo Abarca, de ahí la advocación mariana de aquella parroquia. Es importante rescatar que el testador manifiesta, en el testamento, su deseo de apartar los terrenos de sus descendientes, a los que no nombró herederos sino receptores de la donación que quería entregar por el reconocimiento de su propia sangre en ellos. Este dato es vital para entender el proceso que tuvo enfrentar la Iglesia por el reclamo de los descendientes de Francisco Cáceres y su hija Nicolasa en 1861 y 1917.


Un hecho es importante destacar en la acción de don Francisco Cáceres que le incumbe directamente a la posterior religiosidad del pueblo cartagenino. El mencionado personaje en 1795 funda ante el escribano público, en la Villa San José de Logroño (actual Melipilla), una capellanía de más de trescientas cuadras de las que se dispondrán dos cuadras en el área de la capilla hacia el oriente, con el objeto que los sacerdotes tengan una casa habitación. Estipula además que la reserva de estas dos cuadras es para darle mayor solemnidad a la fiesta de la Purísima Concepción.


Es importante considerar que la capilla existente en esos momentos en lo que hoy es el cementerio de Cartagena, estaba bajo la administración de la parroquia San José de Logroño de Melipilla, la que produjo, con el cumplimiento de las peticiones del testador, Don José Alvarado Cartagena, dar mayor culto y devoción a la Virgen María, bajo la advocación de la Inmaculada o Purísima Concepción teniendo así en pocos años gran número de fieles.


Desde estos años se puede apreciar entre el mismo pueblo católico cartagenino, la fe que la Iglesia entera comienza a reconocer en la que María Santísima fue concebida sin pecado original, adelantándose por más de cincuenta años a la promulgación del dogma de la Inmaculada Concepción de María.

 

Traslado de la Parroquia a Lo Abarca

Antes de seguir explicando los antecedentes de la actual parroquia de Cartagena, es necesario distinguir un hecho histórico fundamental. La actual Parroquia de Lo Abarca se llamó en sus comienzos Parroquia de Cartagena debido que tomó el nombre de la capilla Purísima de los Bajos de Cartagena, que funcionaba como vice-parroquia de Melipilla desde el año 1797. El 1 de Agosto de 1823 la capilla, consagrada a la Virgen, fue creada parroquia, delimitando sus límites para llevar a cabo su misión de entregar a todos sus feligreses la Buena Nueva de Jesucristo. Su primer párroco fue Fray Domingo Barrera.

Lo Abarca se había convertido en un importante centro ganadero y agrícola que servía incluso como lugar abastecimiento de provisiones y de cambio de caballos para los viajeros que debían ir entre Valparaíso y Santiago por el camino de Casablanca. En ella cruzaban los caminos de Lagunillas, el Rosario, Lo Zárate, Leyda y Melipilla, siendo además punto clave para el acceso a las playas de Cartagena.

Con tan próspero desarrollo Lo Abarca tuvo una iglesia que fue considerada apta por el Padre Andrés Lavenzzolli para el traslado de la sede parroquial al pueblo, ya que la pequeña capilla se encontraba en muy malas condiciones. Otra razón que encontró el presbítero, para el traslado de la sede, fue que el número de fieles había aumentado considerablemente en Lo Abarca convirtiéndose esta en un mejor centro para llevar a cabo su labor evangelizadora.

La trasladación se produjo el año 1866, la que con gran molestia de algunos fieles y de los descendientes de Don José Alvarado, se procedió a retirar la imagen de la Purísima para mantenerla en el nuevo templo como imagen patronal. Se puede comprender el malestar de los Alvarado porque había sido voluntad de Don José, la petición de que la Virgen fuese venerada en la estancia que se había designado para ello.

Desde el año 1891 fue párroco de Cartagena, es decir Lo Abarca, Don Francisco Cruzat Arias, quien dio a la fiesta de la Purísima mayor solemnidad, haciendo de ella uno de los hechos más importantes de la temporada. El párroco Cruzat tendrá un rol importante en la desmembración de Cartagena de la parroquia de Lo Abarca, ya que se debió contar con su apoyo, en un primer momento, para expresar la inquietud de la fundación al Arzobispo Juan Ignacio González.

 

La fundación de la parroquia.

Entre tanto la atención de la feligresía se mantenía un tanto irregular al tener el Padre Palacios que encargarse de las ocupaciones que tenía en Santiago. El 7 de Mayo de 1912 el Padre Moisés Lara, vicario de Melipilla, le escribe al padre para pedirle ser capellán de la viceparroquia y así facilitarle su labor. La propuesta expuesta en la carta fue acogida de muy buena manera, escribiéndole al día siguiente para expresar sus agradecimientos ante el abnegado trabajo que realizará. La única posibilidad de acceder a Cartagena para celebrar la misa dominical, era el ferrocarril hasta Malvilla y el resto del trayecto en carreta. En Cartagena se hacía cargo de acoger al nuevo capellán, por petición del Padre Palacios, Don Pedro Moyano, alcalde de la época. Al Padre Moisés, en los meses posteriores, le aquejaron varios malestares que le impedían asistir a la comunidad, lo que le llevó a pedir la renuncia, de la misma cordial manera como pidió la aceptación de la capellanía, el 29 de julio de 1912.

Habían pasado poco más de dos años desde que se escribió por primera vez la solicitud que inquietaba a los vecinos del lugar en tener una parroquia propia. El 19 de julio de 1912, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre, decretó la fundación de la Parroquia de Cartagena a las tres de la tarde, constituyendo al Santo Ángel de la Guarda como patrono. Al parecer el Padre Ernesto Palacios estuvo presente en el momento porque es él quien entrega el detalle de la hora.

Monseñor González determinó que los límites de la parroquia fueran:

-al norte, el estero del Rosario, desde su desembocadura en el mar y el camino particular del Algarrobo, que atraviesa la hacienda del Peral,

-al oriente las más altas cumbres de los cerros del Peral y de la Unión, que dividen las aguas que corren hacia el mar y al estero de Lo Abarca hasta el camino público, enseguida este mismo camino y el de San Antonio,

-al sur, desde la conjunción de los dos caminos a San Antonio, el que va a Malvilla y el que va Cartagena, hasta la cima de la loma que, bajando al mar, forma la puntilla de la Yegua,
-al poniente, el mar. 

Después de haber concluido toda la obra, el Padre Ernesto Palacios se encargó de que Cartagena contara prontamente con un primer párroco. Los esfuerzos del sacerdote y de toda la comunidad, por conseguir la asignación de un clérigo estable para la recién creada parroquia, se vieron realizados el día 15 de Agosto de 1912, en la festividad de la Asunción de la Santísima Virgen María. En el Archivo Parroquial se guarda una invitación original que anunciaba para dicho día la llegada del nuevo párroco Pbro. Víctor Barahona Flores.

A las nueve de la mañana del 15 de Agosto de 1912 entró en el templo consagrado al Santo Ángel de la Guarda el Padre Víctor Barahona para consolidar el enorme trabajo de construcción y erección de la Parroquia de Cartagena.

 

Poblamiento de Cartagena

 

Alrededor de las últimas dos décadas del siglo XIX existía una capilla en el centro de Cartagena. No se tiene certeza cual es el año exacto de su construcción pero se sabe, por los pequeños registros que existen, que ésta era pequeña y que estaba ubicada frente a la plaza del pueblo, en la esquina nororiente a un costado del templo parroquial actual. Era la manera que tenía el párroco de Lo Abarca para evangelizar el incipiente balneario, que poco a poco se llenaba de las más aristocráticas familias de Santiago. Al lado de esta capilla estaban los terrenos pertenecientes a la Iglesia, que se habían bendecido para la futura edificación de un templo más amplio. La extensión del terreno destinado por la Iglesia para establecer el templo en el principio fue de un amanzana entera.

El Padre Cruzat, párroco de “Lo Abarca”, no podía atender la totalidad del territorio encomendado para la salvación de las almas. Cartagena fue uno de los poblados más desfavorecidos con tal descuido de la administración de los servicios religiosos. La población crecía considerablemente en el balneario a fines del siglo XIX, las familias más acaudaladas de Santiago, entre ellos muchos de los personajes del gobierno de la época, llegaban a pasar temporadas de descanso frente a las hermosas playas cartageninas.

En efecto, la población del balneario había crecido rápidamente en pocos años, atraídos los turistas por la tranquilidad del lugar y la cercanía a la ciudad. Los pescadores se habían visto favorecidos en sus rentas ante la despreocupación de la administración de los dueños de la Capellanía.

La Iglesia era la propietaria por herencia de Fundo la Capellanía, siendo su administrador directo el sacerdote de Lo Abarca. Por decreto del Arzobispado de Santiago, los terrenos de la actual Cartagena pasaron a depender de la parroquia de Cartagena (Lo Abarca), el 19 de Julio de 1872 . Hacia el año 1870 ya habían comenzado los problemas entre el párroco, Pbro. Ricardo Mesa, y los pescadores por los terrenos que pertenecían a la Iglesia. El Padre Mesa se hizo cargo de la situación comunicando al Arzobispado la situación en que se encontraba con los ocupantes ilegales que habían tratado con los pescadores el arriendo o la venta de los terrenos. La situación forzaba a la Iglesia a comenzar a parcelar y vender el Fundo la Capellanía, ya que con la llegada del tren a Malvilla la población crecería y por tanto se verían involucrados en más procesos por reclamos de terrenos ilegales.

Monseñor Mariano Casanova, Arzobispo de Santiago en ese entonces se negó en primera instancia a vender pero con el paso del tiempo dio el permiso al sucesor del párroco Ricardo Mesa, el Pbro. Emeterio Arratia.

Gran parte de las ventas de las tierras del lugar de las Playas de Cartagena fueron efectuadas por los Curas Arratia y Cruzat, en sus respectivos periodos. Éste último, hacia 1897 , se preocupó que se destinara un lugar para la construcción de una capilla. El terreno destinado, como se ha escrito anteriormente, fue el ubicado frente a la Plaza de Armas. Se puede evidenciar entonces que el nacimiento de la comuna- balneario tuvo como gestora a la Iglesia, no por el solo hecho de que los terrenos le pertenecieran a dicha institución, sino que también porque en torno a la pequeña capilla del lugar se distribuye el espacio de las viviendas y establecimientos públicos. Los existentes habitantes y los veraneantes contribuyen a la obra del cura párroco para establecer la presencia de un lugar en donde los fieles pueden ser atendidos en sus necesidades religiosas.

La consolidación de Cartagena como comuna se consigue el 10 de Agosto de 1903, al firmarse el decreto gobierno correspondiente que la independiza de la comuna de San Antonio, de la que dependía civilmente.

 

La inquietud de la comunidad por un nuevo templo.

La comunidad de habitantes manifestó desde los primeros años la necesidad de tener mayor asistencia religiosa. Gracias a que en el balneario pasaban largas temporadas familias de un gran espíritu religioso, se consiguió dar mayor realce a esta iniciativa. Es así como el 5 de febrero de 1910, una comisión de señores y señoras se reunieron para levantar un acta que preparara la promoción de la fundación de la parroquia.

Dicha reunión contó con la presencia de los señores y señoras:

  1. Padre Ernesto Palacios Varas
  2. Domingo Tagle Arrate
  3. Abel Saavedra
  4. Francisco Celis
  5. Víctor Larraín
  6. Clara Rozas de Larraín
  7. Mercedes Mira de Fernández
  8. Genoveva Celis de Ibarra
  9. Luisa Sota de Castillo
  10. Pedro Moyano


En dicha reunión, se escribe en el acta, que el Padre Palacios manifestó que era necesario pensar seriamente en la construcción del templo parroquial de Cartagena, porque no era posible que los particulares construyeran hermosas y ricas casas de habitación, y los fieles no tuvieran donde oír la misa. Desde estos primeros testimonios escritos se ve la buena voluntad del mencionado sacerdote por dar al pueblo una asistencia religiosa adecuada al pueblo. Como se verá más adelante, él fue uno de los más obstinados constructores.

En la reunión del 5 de febrero de 1910 se tomaron decisiones para dar curso a la iniciativa expuesta, que tuvo una acogida unánime entre los presentes, acordándose:


1. aprovechar el periodo restante del verano para hacer beneficios para recaudar fondos para comenzar con los trámites respectivos,
2. designar a Don Abel Saavedra para que presentara lo expuesto en la reunión al párroco, Francisco Cruzat y pedirle su consenso y consejo,
3. colocar alcancías en lugares públicos para el depósito de las contribuciones económicas que los fieles quisieran hacer,
4. pedir formalmente al Arzobispo, Mons. Juan Ignacio González Eyzaguirre, la erección de la parroquia, y que nombre una comisión de caballeros y señoras para que se hicieran cargo de todo lo que se refería a la construcción del nuevo templo,
5. y que el tesorero oficial de tal obra fuera el Padre Palacios.

Los acuerdos tomados se cumplieron perfectamente. Don Abel Saavedra se hizo cargo, en primera instancia, de llevar a cabo los puntos estipulados en el acta, visitando al Padre Cruzat. El grupo de laicos que se comprometieron con la causa, de dar la solidez religiosa que el pueblo requería, fue siempre estable y contó con bastante cooperación de la mayoría de los vecinos. El Señor Saavedra, junto a otros cuatro destacados caballeros , escribe al Arzobispo González, el 15 de abril de 1910, para pedirle expresamente a nombre de los vecinos la erección de la parroquia de Cartagena y la consiguiente segregación jurisdiccional de la parroquia de Lo Abarca.

Los argumentos que se presentaron al prelado son: la gran afluencia de turistas durante la temporada estival, estimándose no menos de siete mil personas en el verano recién pasado; además se le hace ver a Monseñor González, que esta cantidad de población aumentará debido a las numerosas construcciones que se ejecutan en el lugar en aquel momento. Por otra parte, la llegada del ferrocarril hasta Malvilla había facilitado mucho el acceso al balneario, otra garantía de que Cartagena se vería prontamente visitada por una estimable cantidad de personas.

En la carta se sigue explicando al Arzobispo, que las necesidades espirituales de los fieles no podían ser atendidas como correspondía, ya que, el sector de las Playas, como se le denominaba a la actual comuna, estaba en un extremo de la parroquia , pese a la abnegación y buena voluntad del párroco, que debe permanecer en la sede parroquial mucho tiempo para cubrir todas las actividades que son propias de su misión apostólica.

Para dar mayor conocimiento se le explica al eclesiástico que hace más de diez años atrás se bendijo solemnemente un espacioso terreno que ocupa todo el costado oriente de la plaza del pueblo, colocándose en él la primera piedra para la construcción del futuro templo parroquial. Este texto deja entre ver que la bendición del terreno a la que se hace alusión, expresa el anhelo de tener una parroquia al principio de la fundación de la comuna. Además, la capilla con que se contaba era provisional y suficiente para las necesidades del momento en que se construyó, y que se podría convertir en casa el párroco. La carta hace mención a la reunión de febrero pasado, destacando la disponibilidad de los laicos que participaron de tal encuentro para la formación de la nueva parroquia.

El Señor Saavedra no dejó de pensar en nada para la exposición que hizo al Arzobispo de la situación en la que se encontraban, para comenzar con las labores que los inquietaban. La comisión dio detalles del estado económico de la viceparroquia y del futuro mantenimiento del párroco, así como también las rentas que podrían obtener mediante la creación de las diversas fuentes de ingreso para el mantenimiento de las dependencias parroquiales. Terminan la carta presentando al Arzobispo, los posibles límites territoriales para facilitarle la tarea de la designación de la extensión de la parroquia.

La erección de Cartagena como Viceparroquia.

Las labores de los vecinos interesados, en el establecimiento de un nuevo templo en el balneario, prosiguieron en los meses posteriores. La correspondencia llegó a manos del Arzobispo el que como se puede apreciar por el poco tiempo transcurrido, tuvo interés en crear dicho templo. Monseñor González Eyzaguirre mantuvo una constante preocupación por la creación de nuevas parroquias en lugares que lo necesitaban con urgencia, el caso del pueblo de Cartagena no fue la excepción.

El 11 de agosto de 1910, el Arzobispo de Santiago decretó a Cartagena como viceparroquia. Para mayor exactitud en la comprensión de los motivos que tuvo el eclesiástico para otorgar este título, y para la posterior fundación de la parroquia, se reproduce el texto que se encuentra en el libro del Archivo Parroquial de 1910:

Teniendo presente que el balneario de Cartagena tiene ya una población estable bastante numerosa; que son la construcción del ferrocarril al puerto vecino de San Antonio, dicha población aumentará más todavía; y que es necesario promover el servicio religioso de esta feligresía, que no puede sin notable incomodidad acudir para sus necesidades espirituales a las iglesias parroquiales de “Lo Abarca” o San Antonio, establecese en dicho balneario una viceparroquia, cuyo templo será la capilla construida en la plaza de la población.

Con el permiso dado desde el arzobispado los vecinos rápidamente efectuaron todo lo que era preciso para que se agilizara los comienzos de los trabajos. Fue así como el 12 de noviembre de 1910, Mons. González nombra la comisión de Señores y Señoras que se harán cargo de la edificación del templo. El clérigo dispuso que tal grupo debía ocuparse de colectar los fondos, preparar los planos y disponer todo lo necesario para la ejecución de la obra.

La comisión fue presidida por el párroco, Pbro. Francisco Cruzat Arias, el Pbro. Ernesto Palacios Varas, y de los señores

  1. Domingo Tagle Arrate (Abogado)
  2. Abel Saavedra
  3. José Francisco Fábres (Abogado)
  4. Domingo Ibarra
  5. Francisco Celis
  6. Alejandro Bezanilla
  7. Alejandro Valdés Riesco
  8. Vicente García-Huidobro
  9. David Frías (Médico)
  10. Víctor Larraín
  11. Cotidio Fernández
  12. Pedro Moyano ( Alcalde de Cartagena)
  13. Daniel Vial
  14. Alberto Schneider
  15. José del C. González
  16. Julia Altamirano de Alessandri
  17. Genoveva Celis de Ibarra
  18. Enriqueta Larraín de Ruiz-Tagle
  19. Mercedes Mira de Fernández
  20. Luisa Sota de Castillo
  21. Julia Tagle Pérez-Cotapos
  22. Edelmira González de Valenzuela
  23. Celinda González de Manríquez
  24. Remigia Dávila de Silva
  25. Srta. Clara Lemus


Se ha incluido la lista completa de las personas para captar en ella los destacados personajes de la época que estuvieron ligados desde el principio a la edificación. Se sabe que la comisión sesionaba además en la semana en las dependencias de la Universidad Católica, como lo demuestra un acta fechado a 25 de noviembre de 1910. En dicha ocasión el Padre Palacios dio cuenta de todo lo que había realizado para que se nombrase a Cartagena como parroquia y como se encaminaba la pronta edificación del templo. En aquella reunión ya se contaba con los planos propuestos, los que tuvieron una buena acogida entre los integrantes del grupo.

De los acuerdos que se tomaron se puede destacar que:

-En esta reunión que se determinó el lugar del templo, indicando que sería frente a
la plaza (lado oriente), al costado de la calle (actual Arzobispo Mariano Casanova), al lado de la pequeña capilla existente, dejándose diez a doce metros para se para el frontis de la plaza, en los terrenos que se habían destinado para tal efecto años antes.

-Se designó al arquitecto Napoleón Scolari para que idease el templo, y considerar
la pronta aprobación de los planos para presentarlos al Arzobispo González y a las correspondientes autoridades gubernamentales.

-El Padre Ernesto Palacios junto a José Francisco Fabres y Francisco Celis formarían una subcomisión que se ocuparía de que los trabajos de la edificación comenzaran cuanto antes, reiterando que el tesorero oficial el Padre Palacios.

La construcción del templo comenzó tres días después en Cartagena, el 28 de noviembre de 1910, se puede entender que esta fecha da el inicio de la medición del espacio donde se ubicaría el edificio, ya que el acceso al pueblo demoraba días, sobre todo si se toma en consideración los estrechos caminos y la lentitud del traslado de los materiales.

Para que el Padre Palacios estuviera más facultado para desempeñar su trabajo era necesario que se le nombrase vice-párroco, tal título lo recibió por decreto arzobispal el 17 de Diciembre de 1910. Así los vecinos comenzaron a ver como comenzaban las obras para levantar en el centro del pueblo en anhelado lugar donde podrían participar de los sagrados misterios y contar con la presencia estable de Jesús en el sagrario.

El Gobernador de la época, Don Carlos Rojas Valdés, comunica el 28 de diciembre al recién nombrado vicepárroco que el 22 del mismo mes, se le había designado junto a los señores Fábres y Celis, para la comisión Fiscal de Fábrica de la Iglesia de Cartagena. Realizados todos los trámites necesarios, ya solo se tenía que esperar que se avanzara en los trabajos.


Entre tanto, el prelado a cargo de Cartagena no perdía el tiempo. Se preocupó de analizar el estado de los fieles, realizando todo lo que estuviera a su alcance para realizar de mejor manera su labor de apóstol de Jesucristo en medio de los cristianos a su cargo. El 27 de enero de 1911 escribe desde Cartagena al Pbro. Martín Rückers el permiso para casar y bautizar, pues en el pueblo hay muchas familias sin constituirse religiosamente descuidando además la fe de sus hijos. Agrega en la carta que se hace cada vez más necesario que viva en el pueblo un sacerdote, diciendo que la Municipalidad estima en unas mil quinientas personas la población estable del balneario.

El Padre Rückers contesta el 2 de Febrero dándole permiso, con la facultad que tiene como miembro de la curia arzobispal, para administrar los sacramentos que pidió. Es importante destacar que el Padre Ernesto administraba los sacramentos preocupadamente de las personas más pobres, a quienes sólo les cobraba el valor de los óleos.

 

El Padre Ernesto Palacios y su mirada sobre Cartagena.

Al parecer el Padre Palacios se mostró interesado desde el primer momento en conseguir la erección de la parroquia en el balneario que visitaba. De ahí que se pronuncia sobre la falta de un establecimiento eclesiástico en la naciente y lujosa Cartagena de principios del siglo XX.

El sacerdote tenía una fuerte preocupación para que el pueblo consiguiera una identidad religiosa. Se inquietó por los hechos que hacía que llegasen al pueblo los vicios de la urbanidad. Desde el mismo pueblo escribe al Arzobispo el 4 de Abril de 1911 en una extensa carta. Para conocer directamente lo que escribe, es preciso reproducir sus mismas palabras para conocer más de cerca sus pensamientos.

Él expresa que ha podido apreciar más de cerca el estado religioso y moral en se encuentra la feligresía. Agrega que el pueblo no vive la vida cristiana, notando una lamentable indiferencia en lo que se refiere a algunos cumplimientos mínimos de deberes religiosos. Por otra parte, el uso del alcohol se ha desarrollado de un modo alarmante, hasta existir treinta y cuatro cantinas, de las cuales, algunas funcionan de día y de noche frente a la misma plaza del pueblo, con canto permanente y el consiguiente escándalo público. Sin duda esta carta tiene una destacada motivación para conseguir pronto la erección de la parroquia.

El remitente quiere expresar la urgencia que se tiene ante las circunstancias que hacen que Cartagena se vea afectada por los peores elementos de perversión, como por ejemplo los vicios que han traído personas de malas costumbres por el acceso ferroviario que llegaba hasta San Antonio.

La mirada del Padre Palacios, respecto de la situación moral y religiosa del pueblo pudiera parecer en cierto aspecto negativa. Por el contrario, el mencionado sacerdote se muestra positivo y con grandes proyectos para dar al naciente pueblo una mayor educación que dará progreso y bienestar a los hijos que se le han encomendado a su cargo. El Padre Palacios tenía la intención de edificar a un costado del futuro templo, una escuela parroquial que otorgaría una mejor calidad de vida a los habitantes desde su niñez. En el citado escrito el sacerdote escribe de cómo atiende a la feligresía, él viajaba al pueblo los domingos y los días de precepto, es decir las fiestas religiosas inamovibles durante el año, para celebrar la Eucaristía.

La estructura del Templo.

Los trabajos de la construcción del templo se realizaban con lentitud por la demora del traslado de los materiales, que casi con toda seguridad se podría afirmar que se hacían por el lado sur de la comuna, trayéndolos desde el puerto vecino, el vicepárroco se comunicó con su superior, el Arzobispo de Santiago, para pedirle el establecimiento de un nuevo camino público por la propiedad de Don Emilio Santis. La autoridad eclesiástica resolvió que mientras se definía la nueva vía de ingreso al lugar, se diera libertad a todos los que quisieran cooperar en la trasladación de los materiales.

El arquitecto Napoleón Scolari fue el que dirigió las obras. La determinación, de que este fuera el encargado, se había tomado en la reunión del 25 de noviembre de 1910, en la Universidad Católica, en Santiago. El Señor Scolari colaboró en la construcción del templo sin recibir ningún honorario, con la intención de contribuir a la obra evangelizadora y al progreso del pueblo de Cartagena. 

El templo se edificó de tres naves de una forma rectangular, en el presbiterio se colocó el altar mayor recubierto de mármol donde se ubicó el Sagrario. La sacristía a un lado del presbiterio. Con cinco entradas, tres en el frontis y dos laterales, una a la calle y otra a la casa del sacerdote. Arriba de la entrada principal se ubicó el coro y órgano a tubos para las celebraciones litúrgicas. El techo es una armazón en fierro con forma de ojivas. En las naves laterales se ubicaban tres altares en cada lado. El frontis destacaba la nave central y las tres entradas que daban a la plaza. El campanario se construyó arriba de la fachada.

De todas maneras, hay que considerar que pese al tamaño de la edificación se avanzó en un tiempo considerable por lo menos en la estructura que daba la forma, pues el 11 de Febrero de 1911 se colocó el techo, demorándose en esta labor tres meses.

Al parecer, el resto del año 1911 estuvo dedicado a terminar todos los detalles del interior y el exterior de la edificación. Se compraron las imágenes que estarían en el interior del templo, y lo necesario para celebrar los sacramentos. Aunque no se ha encontrado ningún escrito que constate como fue este proceso, se puede deducir que a cargo estuvo el Padre Palacios y la comisión de laicos que ayudó a la construcción.

El dinero para la construcción.

Mientras el sacerdote realizaba sus labores pastorales, los laicos se encargaban de hacer todo lo necesario para recaudar los fondos para los trabajos y materiales de construcción. Las señoras de la comisión aprobada por el arzobispado, vieron como buena idea que las limosnas se recogieran en los diferentes puntos en los lugares públicos y de una forma más personal pasando por cada casa del balneario.

Los innumerables beneficios que se realizaron, en su mayoría obras de teatro, están registrados en la gran cantidad de afiches de la época que los anunciaban. Los actores eran integrantes de las familias involucradas en la labor de dar a Cartagena un templo parroquial; adultos y niños ponían lo mejor de sí para que los espectáculos se efectuaran lo mejor posible. Tales funciones fueron muy apreciadas por la comunidad, debido a que eran las mayores entretenciones que en el momento existían.

Se puede decir que los aportes en dinero que hicieron muchas personas, fueron una ayuda fundamental para la rápida organización eclesiástica en la comuna, de modo que sin tales generosas contribuciones no hubiese sido posible establecer el nuevo establecimiento a cargo de la religiosidad de los fieles.

La inauguración del templo.

Estando el templo terminado sólo quedaba esperar los trámites eclesiásticos para conseguir los objetivos que se había propuesto el primer grupo de interesados, el 5 de febrero de 1910. Se esperó la temporada de verano para que el templo recién construido se viese lleno de feligreses, muchos de los cuales hicieron generosos aportes económicos, para celebrar dentro de él los sacramentos.

El 14 de enero de 1912 fue la solemne inauguración del templo. Fue una gran fiesta que reunió a todo el pueblo. Para la ocasión llegaron hasta el balneario las más distinguidas familias de Santiago entre las que se contaban las que más se vieron vinculadas a la obra desde el comienzo.

El Padre Ernesto Palacios Varas, vicepárroco de Cartagena, invitó a toda la comunidad a participar de este gran acontecimiento social. Se guarda entre el archivo parroquial una invitación del 9 de enero de 1912, en donde el clérigo llama a participar de la Bendición e Inauguración del Templo Parroquial para el domingo siguiente a las 10 de la mañana.

El original del conservador periódico santiaguino, El Ilustrado informa detalladamente como ocurrió aquel día:

Desde las primeras horas de la mañana, la Plaza de Cartagena se vio invadida por una interminable columna de fieles, que concurrían a solemnizar el acto religioso que se había fijado para las 10 A.M. En efecto, a la hora apuntada, el Vicario general del Arzobispado, Pbro. Manuel Tomás Meza delegado especial del Arzobispo de Santiago, Don Juan Ignacio González Eyzaguirre, dio principio a la ceremonia con la bendición exterior del templo, la que resultó imponente. Terminada la bendición se dio comienzo al oficio de la Santa Misa. El templo estaba lleno de fieles, no existiendo, propiamente hablando, un solo sitio desocupado, albergando en el interior a no menos de tres o cuatro mil almas.

Las columnas de la iglesia ostentábase hermosamente adornadas con guirnaldas de flores naturales (que hicieron un grupo de distinguidas señoritas).Como maestro de ceremonia fue designado el Pbro. Tomás Véliz, Visitador Diocesano.

Durante la misa, un coro de cantores acompañados de una escogida orquesta, entonó hermosos himnos sagrados.

El sermón fue predicado por el Reverendo Padre Adolfo Echarte; en escogidos términos el padre dilucidó el tema: “Considera la santidad del lugar en que pones tus pies cuando entras a la casa del Señor” (Eclesiastés 4, 17)

A las cinco de la tarde el nuevo templo estuvo nuevamente concurridísimo. El padre Manuel Tomás Meza después de una breve alocución pronunciada por el visitador diocesano, padre Tomás Véliz, administró el Sacramento de la Confirmación a aproximadamente a 300 fieles, entre hombres y mujeres. En seguida, en romería (por lo que se aprecia en la fotografía, esta procesión se hizo alrededor de la plaza), se llevó a efecto, con todos los rituales de estilo, la ceremonia de traslación del Santísimo Sacramento, desde la antigua capilla al nuevo templo.

Agrega el periódico que; Estas fiestas religiosas han hecho época en el puerto de Cartagena, con motivo de la grandiosidad con que se llevaron a cabo y será durante largo tiempo motivo de gratísimos recuerdos, testimoniando que el día de la inauguración fue un momento imborrable para la vida social de los residentes y veraneantes que deseaban para el lugar un lugar donde dar culto al Señor.

Ese mismo día el Padre Ernesto Palacios aprovechó la ocasión para pedir al Vicario General de la Arquidiócesis, Pbro Manuel Tomás Mesa, presente en la inauguración, la autorización para colocar el Vía Crucis en el templo con motivo, como expresa el sacerdote, de que los fieles puedan empezar a ganar las indulgencias. El Vicario dio el permiso correspondiente y tres días más tarde, es decir el 17 de Julio de 1912, el presbítero Tomás Véliz bendijo los cuadros que recuerdan la Pasión del Señor. El Vía Crucis que actualmente existe en la iglesia parroquial no es el que se menciona de dicho año, sino que fue puesto en el año 2002 por el actual párroco. El que se menciona en la carta se mantiene guardado debido a que faltan estaciones para completarlo.

Personajes que participaron en la obra. Los padrinos y madrinas del Templo.

Se ha considerado oportuno para este trabajo, recuperar algunos de los nombres de tantas personas que contribuyeron generosamente en la edificación del templo parroquial. En agradecimiento por su inmensa cooperación, se escriben más abajo los nombres que parecen registrados en la invitación del día de la solemne inauguración del Templo, el 14 de Julio de 1912.

1. Arzobispo de Santiago: Don Juan Ignacio González Eyzaguirre
2. Carlos Rojas Valdés y
3. Sra. Raquel Errázuriz de Rojas
4. Pbro. Manuel Tomás Mesa
5. José Ramón Gutiérrez y
6. Sra. Carolina Alliende de Gutiérrez
7. Ricardo Matte Pérez y
8. Sra. Luisa Amunátegui de Matte
9. José Francisco Fabres y
10. Sra. Celinda Larraín de Fabres
11. Abdón Cifuentes y
12. Sra. Luz Gómez de Cifuentes
13. Pbro. Baldomero Grossi
14. Pbro. Gilberto Fuenzalida
15. Pbro. Francisco Antonio Cruzat
16. Pbro. Adolfo Echarte
17. Pedro Fernández Concha
18. Francisco Celis y
19. Sra. Adela Meyer de Celis
20. Manuel Olivares Morán y
21. Sra. Emelina Bascur de Olivares
22. Napoleón Scolari
23. Juan Domingo Tagle Arrate
24. Domitila Araos v. de Guzmán
25. Domingo Ibarra y
26. Sra. Genoveva Celis de Ibarra
27. Abel Saavedra y
28. Sra. Lucrecia Varas de Saavedra
29. Enrique Morandé y
30. Sra. Sara Campino de Morandé
31. Enriqueta Huidobro v. de Morel e hija
32. Gaspar Toro y
33. Sra. Luisa Barros de Toro
34. Adolfo Fernández y
35. Sra. Adela Larraín de Fernández
36. Carlos Salinas y
37. Sra. Rosa Cerda de Salinas
38. Agripina Labbé v. de Palma
39. Aurelio Palma Labbé
40. Adolfo Hurtado y Señora
41. Víctor Dumas y
42. Sra. Sotomayor de Dumas
43. Enrique Costa y
44. Sra. Blanca Goycolea de Costa
45. Aníbal Aspillaga ( Doctor) y Señora.
46. Horacio Manríquez y
47. Sra. Celinda González de Manríquez
48. Filomena Mac-Kenna v. de Valdés
49. Pbro. Santiago Vial Guzmán y hermanas
50. Carmela Mira v. de Jara
51. María Ulloa de Zavala
52. María Luisa Robles de Robles-Vía
53. Ismael Tuñon y Señora 54. Rafael Herrera y
55. Sra. Rosa Palacios de Herrera
56. Enrique Ruiz-Tagle y
57. Sra. Jesús Mena de Ruiz-Tagle
58. Juan Domingo Dávila Ossa y Señora
59. María Elisa Concha Cortínez y hermanas
60. Miguel Vargas Bustón e hijas
61. Miguel Opazo Letelier y
62. Sra. Elena Palacios de Opazo
63. Desiderio Lemus
64. Alberto Ruiz-Tagle Larraín
65. Daniel González y
66. Sra. Mercedes Ramírez de González
67. Lucila González Ballesteros
68. José del Carmen González y
69. Sra. Lucrecia González de G.
70. Pedro Barrera y
71. Sra. Rosalía Aguirre de Barrera
72. Pedro Antonio Moyano y
73. Sra. Desideria Morgado de Moyano
74. Pedro Zelada y
75. Sra. Carmen Rosa de Zelada
76. Magdalena Vergara
77. Alberto Valdés Errázuriz y
78. Sra. Amelia Hurtado de Valdés
79. Moisés Valenzuela y
80. Sra. Dolores Palacios de Valenzuela
81. Pastor Fernández y
82. Sra. Mercedes Mira de Fernández
83. Juana Gandarillas de Pereira
84. Filomena Delpiano v. de Cardemil
85. Aureliano Oyarzún (Doctor) y Señora.
86. Ricardo Lezaeta y
87. Sra. Berta Castillo de Lezaeta
88. Ramón Valdivieso N. y
89. Sra. Ernestina Delauné de Valdivieso
90. Mariana Zavala
91. Ramón Vargas y
92. Sra. Mercedes Troncoso de Vargas
93. Ángel Bustos y
94. Sra. Zoila Palacios de Bustos
95. Manuel Cifuentes y Señora.
96. Severo Undurraga
97. Amelia Bustón v. de Vargas
98. Ricardo Scolari
99. Micaela Scolari
100. Pedro Frías
101. José Domingo Hinojosa
102. Nicanor Cardemil y
103. Sra. Teresa Rivera de Cardemil
104. Emilia Jara de Álamos
105. Luis Calvo Mac-Kenna y
106. Sra. Julia Eyzaguirre de Calvo
107. Lugarda Fontecilla
108. José Pedro Guzmán y
109. Sra. Blanca Palacios de Guzmán
110. Ezelino Guadaroli y
111. Sra. Ernestina Agnelli de Guadaroli
112. Germán Hidalgo y
113. Sra. Gertrudis Haff de Hidalgo
114. Jesús García
115. José del Carmen García
116. Clodomiro Palacios y Señora
117. Nicolás González Errázuriz y
118. Sra. Eduvigis Vial de González
119. Francisco Salazar y Señora 
120. Domingo Valdés Lira y Señora
121. Lugarda Jara de Lazo
122. Dolores Miretti de Valdés
123. Ernesto Menares y Señora
124. Emilio Santis y
125. Sra. Clorinda Arévalo de Santis
126. Luis Dote y
127. Sra. Ninfa Jiménez de Dote
128. Samuel Robledo y
129. Sra. Gregoria Aguirre de Robledo
130. Genaro Tobar y
131. Sra. Gregoria Cortés de Tobar
132. María Hidalgo
133. Enriqueta de Marty
134. Raquel de Vivaldi
135. Federico Fazzini y Sra
136. José Robinovicth y
137. Sra. Rosa Levitás de Robinovicth
138. Señor Vigouroux y Señora
139. Ramón Ocampo y Señora
140. César Ruiz-Tagle y Señora
141. Próspero Ovalle y Señora
142. Francisco Santa Cruz e hijas
143. Rosario Mena de Barros
144. Joaquín Troncoso y
145. Sra. Mercedes Mira de Troncoso
146. Froilán Valenzuela y Señora
147. Joaquín Luco ( Doctor) y Señora
148. Félix Mondini


(Lista tomada del Archivo de la Parroquia de Cartagena desde la página 33 hasta la 38)

Quizás no se aprecie la importancia social del grupo de los mencionados padrinos y madrinas, por ello es bueno destacar algunos de los datos obtenidos en esta investigación. Si bien no se ha podido destacar en su totalidad la importancia de los mencionados personajes en la época, si se puede mostrar con evidentes datos algunos de los que se ha encontrado algún dato que sirva para ello. Basta con solo leer los apellidos para evidenciar la influencia de estas personas. En mayoría son familias aristócratas y burguesas que hicieron de Cartagena un agradable lugar para su descanso.

Como ejemplo se pude destacar a

Don José Francisco Fabres:
Fue uno de los mayores colaboradores de la construcción. Fue abogado y servidor público, se educó en Instituto Nacional, y se graduó en la universidad en 1886. Fue diputado y Ministro de Hacienda.

Abdón Cifuentes: 

Abogado y servidor público. Nació en San Felipe. Estudió en el Instituto Nacional. Fue oficial mayor del ministerio de Relaciones Exteriores (1867), Diputado por Rancagua, Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública bajo la presidencia de Federico Errázuriz. También fue senador por la provincia de Aconcagua.

Pedro Fernández Concha:

Político y servidor público. Gobernador de Caldera, Director del Partido Conservador y Senador de la República.

Entre otros de los personajes que asistieron, según relata El Ilustrado, se encuentran los sacerdotes Pbro. Efraín Madariaga, Pbro. Gaspar Cardemil, Pbro. Ezequiel Ortiz, Pbro. Pedro Lezana, Pbro. José Ignacio Muñoz, Pbro. Estanislao Godoy, Pbro. Luis Iglesias, Pbro. Cipriano Strain, es decir, un poco más de diez clérigos estuvieron presentes aquel día de enero.

En lo que respecta a la vida social se encontraban algunos conocidos personajes. El diario El Ilustrado agrega nombres que no figuraban en ninguna de las listas anteriores:

  1. Ricardo Cox Méndez
  2. Ángel Oléa
  3. Alberto Arteaga
  4. Alberto Pizarro
  5. Manuel Morán
  6. Martín Sotomayor
  7. José Ramón Vargas Prado
  8. Miguel Ángel Velasco
  9. Ramón Salas Edwards
  10. Eulogio Solar
  11. Juan José Mira
  12. Aurelio Palma
  13. Domingo Ibarra
  14. Estanislao García-Huidobro
  15. Juan José Palacios Portales
  16. Guillermo Silva
  17. Ismael Zurrón
  18. Arturo Jaraquemada
  19. Carlos de la Fuente
  20. Francisco Javier Sánchez
  21. Gilberto Infante
  22. Luis Fresno
  23. Arturo Fontecilla


También existía la costumbre de que la imagen patronal, es decir, a quien se dedicaba la parroquia, contara con madrinas. En el caso de la iglesia de Cartagena tuvo como primer patrono al Santo Ángel de la Guarda. La imagen que se menciona, es la que permanece hasta estos días en la cúpula, arriba del altar mayor, aunque actualmente la advocación es Virgen Medianera.

Las madrinas de la bendición del Ángel de la Guarda fueron las señoras: Teresa Barros de Ovalle, Celia González de Corbalán, Domitila Huneeus Gana, Enriqueta Ruiz-Tagle Larraín, Matilde Santa Cruz, María Sánchez Vergara.

Es bueno rescatar un interesante dato de estos tiempos. El Padre Palacios fue quien acordó con el Señor Enrique Miguel, vecino de Cartagena, el arrendamiento del local parroquial, ya existente, para el funcionamiento del biógrafo (cine) en la comuna, justificando al Arzobispo en el momento que pidió permiso para hacer el trato con el arrendatario, que el biógrafo sería un entretenimiento honesto para la comunidad cartagenina. Tal construcción hasta la actualidad pertenece a la parroquia.

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