Pablo Cifuentes Salort, es un cantautor y evangelizador católico chileno nacido en Temuco en 1986. Reconocido por fusionar ritmos latinos y urbanos con mensajes de fe, se ha transformado en una de las voces más destacadas de la música católica en Latinoamérica.
Criado en un ambiente profundamente creyente, de padre Diácono y madre Catequista, comenzó su camino musical a los 15 años y desde entonces ha desarrollado una propuesta que une música, animación y evangelización. Además de sus presentaciones y giras internacionales por países como Brasil, España, Perú y Uruguay, también realiza charlas motivacionales y lidera Misericordia Music, un proyecto dedicado a impulsar el trabajo de artistas y ministerios musicales católicos.
Hoy, amablemente, responde algunas preguntas sobre su vida, su misión evangelizadora y nos comparte una especial invitación a vivir Pentecostés abiertos a la gracia del Espíritu Santo.
1. ¿Cómo nació en ti el deseo de dedicar tu voz y tu música al servicio de Dios?
El deseo de hacer música para Dios nace desde mi experiencia en el colegio donde estudiaba. Ese mismo año aprendí a tocar guitarra y, al poco tiempo, me fui de Misiones. Aprendí en marzo y ya en enero siguiente estaba misionando. Yo estaba en primero medio, tenía catorce años.
Desde ahí entendí que el propósito que Dios ponía en mi vida era hacer música para acompañar comunidades. Fue algo muy bonito y, hasta el día de hoy, ha sido un empujón total en mi camino.
2. En tu historia de vida, ¿hubo algún momento especial donde sentiste claramente el llamado del Señor a evangelizar a través del canto?
Sí, como comentaba en la respuesta anterior, ese fue uno de varios momentos importantes en mi vida. También, participando en la pastoral de la parroquia en la que estaba, la Parroquia Anunciación del Señor, empecé a componer canciones y a ver la reacción que tenían los jóvenes con una música un poquito más movida.
Ahí me di cuenta de que había una respuesta a algo que estaba en el corazón de los jóvenes. Entonces, en ese tiempo, comencé a crear pistas con ritmos distintos a los que normalmente se usan en la liturgia, no para ocuparlos dentro de ella evidentemente, sino como una forma de hacer música para la evangelización.
3. Muchas personas encuentran esperanza en tus canciones y mensajes. ¿Qué es lo que más te motiva a seguir evangelizando día a día?
Los jóvenes son prioridad en mi vida. Creo que necesitamos generar muchas más instancias para ellos: encuentros, jornadas, música, momentos de oración, adoración al Santísimo. Espacios donde realmente puedan sentirse acogidos y parte de la Iglesia.
Yo sueño con que algún día todas las parroquias tengan, incluso, una cancha de baby fútbol para que los chicos puedan ir, compartir y encontrarse. Es un terreno que todavía no está muy explorado y siento que ahí hay algo muy importante por hacer.
Al final, lo que más me motiva es mostrarles a los jóvenes que Jesús es lo mejor que les puede pasar en la vida.
4. Como cantante y motivador católico, ¿qué desafíos has enfrentado en este camino de fe y cómo Dios te ha sostenido en ellos?
Bueno, el primer desafío ha sido que yo me dedico completamente a esto, es mi trabajo. Entonces no es fácil dejar la seguridad de un trabajo “normal”, entre comillas, y asumir también esto como una vocación y una misión. Hay un sacrificio importante detrás y un camino vocacional que se va construyendo día a día.
También ha sido un desafío aprender a lidiar con personas que, incluso dentro de la misma Iglesia, a veces no apoyan esta misión o la menosprecian. Muchas veces me preguntan: “¿Y haces otra cosa?” o “¿Cuál es tu trabajo de verdad?”. Entonces cuesta que se entienda que esto también es un llamado, una misión particular que Dios me regaló a través de la música.
Pero, finalmente, todo eso también ha fortalecido mi fe y me ha confirmado que Dios sostiene este camino.
5. En este próximo Pentecostés, ¿qué invitación le harías especialmente a los jóvenes y a las familias para abrir el corazón al Espíritu Santo?




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